El óceano en una tina

Imagen tomada de: https://bit.ly/2PFFl6c

“Ojalá la vida pudiera ser más como las telenovelas, entonces, siempre que las cosas se pusieran dramáticas tú podrías desaparecer la imagen y retomar las cosas de nuevo más tarde” — Fundido a negro. Ésta es una de las secuencias que describe el estilo cómico dramático que imprime Richard Ayoade, en su debut como director, en la película inglesa de coproducción estadounidense “Submarine”, basada en la novela homónima de Joe Dunthorne.

La historia cuenta la vida de Oliver Tate (Craig Roberts), un adolescente de 15 años en los años 80’s que como la mayoría a esta edad se encuentra en una búsqueda desesperada de su identidad personal. Oliver comienza una relación amorosa con Jordana Bevans (Yasmin Paige), una chica de su escuela a través de la cual pretende conseguir aceptación pública y perder la virginidad. Las personalidades opuestas de esta pareja comienzan a converger en un amor cómplice que crece a una velocidad más apresurada de lo que lo hacen sus inocentes protagonistas, quienes deben vivir su amor en medio de una crisis que afecta a cada una de sus familias.

El inmaduro e inexperto Oliver deberá encontrar la forma de evitar la disolución del matrimonio de sus padres sin perder en el camino a Jordana, que se enfrenta a la grave enfermedad de su madre. Desde los movimientos de cámara que reafirman la sensación de omnipresencia con la que Oliver narra su perspectiva de la vida, hasta el montaje acompasado entre las voces de los personajes y la música de los Arctick Monkeys, que por momentos revela la influencia del videoclip que posee su director, crean una producción audiovisual que transforma un tema tan común en una película con mirada surrealista de un antihéroe que se enfrenta a la lucha a la que nos enfrentamos todos, vivir en lo común de forma extraordinaria siendo capaces de seleccionar los daños colaterales de crecer. Este es quizás uno de los elementos argumentativos más interesantes de esta obra, un protagonista que dentro sus rarezas no deja de lado todo aquello que nos hace tan imperfectos, tan humanos. El director se encarga desde el guion de que la caracterización encarne personajes egoístas, mezquinos, débiles e hipócritas con la misma capacidad de amar como de odiar.

“I suppose it won’t matter when I’m 38, but I’m upset about it”

Oliver Tate

No se puede demeritar la apuesta arriesgada que se juega el filme frente a un público mayoritario que busca en cada visualización encontrar la empatía directa con el protagonista o al menos conservar la ilusión de realidad con la que sin titubear Ayoade rompe, dejando que sus personajes miren a cámara, pero sobretodo concibiendo un montaje que no tiene ningún reparo en yuxtaponerse para fracturar la sensación cómoda de temporalidad y objetividad. Con todo esto no es de sorprender que la película haya recibido premios a mejor guion en el Festival de Cine Independiente Británico y un NME (New Musical Express) a mejor película, y es que es innegable la brillantez que ha logrado transmitir Ayoade en su primer filme, que sin miras a la pretensión logra cautivar de una forma poco acostumbrada con una estética alternativa un guion que al final se siente como una brisa marítima innovadora en un mar de historias adolescentes melodramáticas y hostigantes.

Sofía Quintero Rodríguez

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