Vivir deprisa, amar despacio: ¿Hay otra opción?

Imagen tomada de https://www.cinefondation.com/es/69-editions/retrospective/2018/actualites/articles/christophe-honore-en-version-anos-90-en-plaire-aimer-et-courir-vite-sorry-angel

“Vivir deprisa, amar despacio” es una película de la nueva ola de las películas de temática gay, que intenta romper estereotipos de lo que es ser homosexual y lo hace bastante bien. Hombres a veces masculinos, a veces femeninos, de carácter fuerte, pero también sensibles, mostrando que ser gay no implica nada.

Ambientada en Francia de los años 90, conocemos a Jackques (Pierre Deladonchamps).  A primera vista es un hombre gay, seguro de sí, enamorado de un hombre menor que aparentemente juega con él. Viéndolo nuevamente es un hombre gay, escritor arruinado, sensible y padre soltero que no sabe qué hacer con su vida. Seguidamente vemos que es un casanova, con SIDA, y con miedo de volver a intentar acercarse demasiado a cualquier otro hombre. Es un intelectual, con una ex esposa madre de su hijo, con un ex novio también con la enfermedad en estado terminal. Finalmente vemos que Jackques es solo un hombre, con varios hombres dentro de sí, un hombre como cualquiera.

Paralelamente a la historia de Jackques, conocemos a Arthur (Vincent Lacoste), un joven en todo el sentido de la palabra: vive una bisexualidad casi que forzada, escondiendo quién es, frecuentando sitios a donde van homosexuales para tener encuentros casuales, intentando saber qué le gusta más allá de la literatura que es su único amor firme, con un trabajo que aunque estable no es lo que quiere para su futuro, pero sobre todo feliz y con esperanzas de todo lo que la vida le vaya a traer. Una balanza que parece desequilibrada para dos personajes que se enamoran, pero que con el pasar de la película vemos que son todo lo que necesitan en aquellos momentos de crisis e inestabilidad.

Lo más interesante de la película es como se aleja de los dos puntos que nos presentan y creeríamos centrales: el SIDA y el romance de ambos protagonistas. Tanto el SIDA como la relación son cosas que pasan, solo al final estas dos se unen y marcan pero no es el giro central. El centro de la película está en la historia de cada uno como individuo, la vida de cada uno que termina hecha una sola historia pero solo al final.

El hecho de que el director se centre en cada personaje nos permite conocerlos casi que a fondo. Jackques es un personaje de matices profundos. Vemos como vive tranquilo a pesar de no tener empleo y de su enfermedad, se le ve incluso como si estuviera en negación de su situación, como si nada pasara. Se puede intuir como su único desequilibrio lo generan sus parejas desde el princio: Dice amar al joven que juega con él, pero también siente cosas todavía por su ex y quisiera cuidar de él en sus últimos días. Y resulta evidente y algo tierno que su mayor desequilibrio lo encuentra en Arthur, ya que aunque lo quiere, lo conoce cuando su enfermad empieza a hacer estragos y por eso tiene miedo a herirlo.

Arthur por su parte es la inocencia, la fuerza  y la esperanza hecha personaje.  Aunque se le ve perdido, sin saber quién es se le ve alegre. Vive al igual que Jackques en un aparente estado de tranquilidad hasta que éste se aparece en su camino. Su tranquilidad se ve amanazada entonces ya que sabe que puede acostarse con cualquier hombre pero es Jackques a quien quiere y que sin importar su enfermedad piensa en que pueden tener un futuro juntos. Tanto así que cansado de su pueblo en el que nunca sucede nada y ahora enamorado, viaja a París con la idea de empezar una nueva vida con el escritor desahuciado. Acepta la condición de aquel, de padre, enfermo y arruinado sin chistar, con el corazón abierto. Más que cualquiera de estas cosas lo que más le llega a molestar a Arthur es la indiferencia que le da Jackques en un intento de alejarse de él y no herirlo con sus problemas. Un amor que como cualquier drama está marcado por la imposibilidad, aunque en este caso el director solo nos da un pequeño abrebocas de esa parte gris y nos quedamos con los días felices que fueron.

El cierre entonces de la película es ver como ellos intentan conciliar su amor con sus dificultades, como Jackques deja que Arthur lo quiera tal vez sabiendo que da igual a esas alturas, y cómo éste último incluso en los momentos difíciles está feliz de solo poder estar ahí. Termina con la misma incertidumbre de toda la película, en la que no sabemos qué harán ahora cada uno, en la que solo nos queda pensar en lo que pudo haber sido, muy similar a lo que nos sucede en la realidad.

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Escrito por

Director Revista El Callejón. Según un cartón: Ingeniero de Sistemas. Según mi propio concepto: Columnista ocasional y quejumbroso tiempo completo.

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