No sé quién soy y eso está bien

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Imagen tomada de: https://bit.ly/2J9Rif5

La junta editorial de esta revista me ha dado licencia para desentenderme de la difícil tarea de escribir mientras yo por otros lares intentaba, con un éxito relativo, desenredar unos cuantos nudos de mi vida personal, lo cual agradezco sobre manera no sin dejar de notar que se me está cobrando cruelmente ese descanso al ponerme una tarea tan compleja como tender una cama King Size sin ayuda y con una sábana de resortes.

Justamente iba de salida de mi terapia, una sesión en la que mi psicóloga y yo hablamos largo y tendido de cómo en los últimos años he estado tan concentrada en el afuera que me he desconectado de mí misma y me he olvidado de observarme y entenderme. Cuando el sensei de El Callejón me propone escribir sobre bisexualidad, en el marco de la celebración del Orgullo LGBT (yo, que de LGBT no sé un pepino, pero de orgullo sí) acepto de inmediato, y empieza Cristo a padecer.

Mi primera y más importante preocupación a la hora de enfrentarme a la hoja en blanco (no sin antes buscar todo tipo de artículos, foros y videos, porque una intenta prepararse así sea para meter la pata y que quede bien metida), era más que una duda una certeza de que yo, personalmente, no tenía nada qué decir acerca de la bisexualidad, por un asunto muy sencillo, y es que yo no soy bisexual, y eso es todo; no soy bisexual porque me gustan los hombres, y solo los hombres, desde hace muchos años solo tengo sexo con hombres. Si bien es cierto que también he tenido sexo con mujeres cisgénero y con mujeres trans, y me ha gustado, y de hecho hace unos meses, con una amiga que me encanta pasó que… Que simplemente me di cuenta de que el asunto no era tan sencillo como yo pensaba, mucho menos al encontrarme con términos como “bifobia”, “pansexualidad”, “escala de Kinsey”, y de que Google me contara que existe el Día Internacional de la Visibilidad Bisexual y se celebra el 23 de Septiembre.

Una vez adentrada en el tenebroso laberinto de mi ignorancia sentí que necesitaba volver a terapia de inmediato, pero como me cobran por hora y soy tacaña, solo empecé a hacerme muchas preguntas sobre mi experiencia, y a esforzarme fervientemente por encontrar una categoría, o un término con el cual me sintiera cómoda para identificarme y hablarles a ustedes con más propiedad sobre el asunto.

Como resultado de esta reflexión, además de tener dolor de cabeza y ese nudo en la panza que te dice que ya le diste muchas vueltas a un asunto, decidí simplemente desenmarañar aquí un poco de mis vivencias como mujer cisgénero bisexual (que ya creo que puede ser que si lo soy… o tal vez no, es complicado). En primer lugar debo decir que mi primer amor fue una mujer, un enamoramiento infinito, de cartas, de canciones cursis, y de deseo sexual explícito y tan salvaje como solo lo puede sentir una adolescente, y mi primera experiencia sexual también fue con una mujer, no la misma de la que estaba enamorada, pero estaba bonita, me dejó probar, y bueno, ustedes ya saben cómo funciona. 

Teniendo en cuenta lo anterior, tengo que decir que durante esa iniciación de mi vida sexual yo nunca dudé de que me gustaran las chicas, la sorpresa para mí fue un par de años después darme cuenta de que me excitaban los chicos, eso si fue una completa decepción, mi yo interior ha sabido poner el grito en el cielo: “¡Pero qué mierda es esta! Tanto que me ha costado aceptar que soy lesbiana, y ahora llega este tipo a manosearme y me hace dar cuenta de que no lo soy, aquí tiene que haber un error”, y para cerciorarme de cuál era el error, un día nos dimos un beso los tres, mi amigo, mi amiga, y yo… Todo con el estricto objetivo investigativo de identificar la falla, y no la encontramos ¡Qué experiencia maravillosa! Pero de eso no vamos a hablar hoy, porque hasta ese momento todo era una fiesta, el verdadero problema vino después.

Mis “relaciones serias” solo han sido con hombres, nunca he ni siquiera intentado tener una novia y no sé por qué, desde hace más de cinco años he tenido varios encuentros sexuales con mujeres que nunca han ido más allá de eso, y si tengo que dar mi opinión, no me gusta cómo me tocan, no me gustan unas manos suaves y delicadas o unos dedos pequeños en mi coño, ni me gusta besar unos labios delgaditos ni me excita una piel super delicada, en la cama quiero el típico hombre barbudo y fortachón, con músculos, y facciones muy masculinas, y por eso pienso que no soy bisexual.

Sin embargo, he tenido relaciones sexuales con mujeres muy satisfactorias y divertidas que con gusto repetiría y cuando voy por la calle me resultan mucho más atractivas las mujeres que los hombres, y tengo una debilidad bastante marcada por las mujeres trans, entonces, ¿Si soy bi? ¿O soy pan? ¿O soy un monstruo? ¿O no soy nada, no estoy, no existo?, la verdad es que no lo he descubierto, pero estoy muy segura de que sí existo y de que, con toda honestidad no me importa definirme, no por el típico “no me interesan las etiquetas” sino por la pereza mental de empezar a hacer un conteo tan detallado de lo que me gusta y no me gusta y luego estudiar profundamente estos conceptos y empezar a encontrar relaciones y disparidades, es mucha tarea para una mujer que estudia y trabaja, no me jodan.

Lo que sí me parece fundamental aclarar es que reconozco que mi experiencia ha sido bastante sencilla, porque a pesar de unas cuantas discusiones en mi casa, en mi familia hay antecedentes de homosexualidad y bisexualidad que me facilitaron ser aceptada o por lo menos, hicieron que se ignorara mi orientación sexual sin ponerme en situaciones incómodas, pero sé que esta no es la regla, y así como yo pensé que había algo mal en mí por no “decidirme” si me gustaban las mujeres o los hombres, muchas personas en mi país son violentadas de formas que ni puedo mencionar porque le quitarían el saborcito a mi humilde texto.

El desarrollo conceptual que se ha logrado y que se sigue trabajando en torno y desde la comunidad LGBT es necesario y tiene toda la validez en este momento evolutivo de la sociedad, y la visibilidad de la bisexualidad es parte de todo ese proceso de reconocimiento que se adelanta hoy en el mundo. No estamos enclosetados, no necesitamos terapia (bueno, yo sí, pero no por eso), no hay ninguna falla, no nos tenemos que “decidir”, y algunos nos sentimos a gusto con las etiquetas porque nos hacen sentir identificados y nos recuerdan que somos parte de algo, así como para muchos otros es imposible asignarnos un término concreto.

Lo único que importa es que nuestro dolor de cabeza y nuestro nudo en la panza nos suceda porque estamos pensando y estamos reflexionando fuertemente, nunca por miedo, porque los besitos, el amor, y el sexo delicioso nunca deben dar miedo. 

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Escrito por

Si la vida fuera estable todo el tiempo yo no bebería ni malgastaría la plata...

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