Mi poder es Resiliencia

Jamás me había sentido tan libre, tan única, tan real, tan yo, que desde el momento en el que descubrí y acepté mi verdadero ser.

En algún momento de mi vida me sentí incompleta, insegura, indefensa, y ahora entiendo el por qué: entiendo que la sociedad e incluso mi propia familia hacían el papel de unas cadenas negras, gruesas y pesadas que desde mi adolescencia apretaban mis pies y mi mente. Lograron hacerme sentir “confundida” e incluso me llegaron a causar miedo hacia mi misma cuando caí en cuenta de la forma en la que veo a las mujeres: con gusto y atracción.

Recuerdo que en ese tiempo me enfermaba muy seguido, me daba gripa, fiebre, tos, sentía un nudo indescriptible en la garganta, que no podía respirar, que mi pecho estaba sofocado. Mi cuerpo estaba exteriorizando cómo mi alma se sentía: silenciada, oprimida, ahogada, con ganas de gritarle al mundo lo que me estaba pasando. Noté que la enfermedad representaba mis sentimientos, y que la mejor manera de sanar no era callando, debía hablar sobre el tema.

Increíblemente fueron las redes sociales las que me iluminaron de ideas y de conocimientos que me faltaban, y comprendí gracias a Twitter, Tumblr, Youtube, unas cuantas series, varias películas y a mi soledad, que esta manera de ver a las mujeres, de sentir algo inexplicable por una de ellas, estaba bien y también era válido. Que no importaba que yo fuese mujer, que yo fuese femenina, que me gustase ser mujer, que yo nunca hubiera estado con un hombre, que sin importar mis condiciones y experiencias, y aunque muchos no lo entendieran, si yo misma lo entendía, lo aceptaba y lo tenía presente, yo misma rompería esas cadenas y se abriría mi mente y podría caminar con tranquilidad…

…y así fue, decidí hablar, decidí (con mucho temor) exteriorizar mis sentimientos hacia mis amigos y algunos familiares. La reacción de la mayoría fue de aceptación y apoyo, exceptuando la de mi madre, ella se negaba a que su hija no fuera nunca a presentarle un muchacho guapo como su novio, a que mis abuelos no tuvieran nietos concebidos de la manera “natural y correcta”, a que los vecinos me vieran en algún momento agarrando la mano de una chica y entrarla al apartamento cada fin de semana, estaba negada a creer que su niña fuera diferente al resto, y sólo pensaba en que esa diferencia la hacia vulnerable ante los peligros del mundo exterior, y promiscua ante los deseos del ser humano. Mi mamá pasó tiempo reprochándome cada salida que hacia, cada plan que tenía, desconfiaba de mis amigas, me miraba el celular cada que podía, stalkeaba mi perfil de distintas redes sociales, trataba de impedir que en las reuniones familiares se hablara de temas LGBTI porque sabía que yo no me callaría, ignoraba las noticias trágicas y tristes que se escuchan seguido sobre la comunidad, ella estaba completamente negada y enojada porque yo estaba totalmente decidida a seguir siendo yo. Fueron días de impotencia y desesperación, tolerar la intolerancia, soportar comentarios dolorosos de tus propios seres queridos, no tener el apoyo de tu madre ni siquiera en la tusa por tu ex y muchas cosas más con las que asimilé que querer hacerle ver y entender la naturalidad de las cosas a alguien que simplemente no quiere cambiar de perspectiva es decepcionante e inútil en cierto punto.

“El Tiempo lo cura todo” dicen por ahí, y aplicó a la perfección en este Coming Out. El tiempo me hizo entender que en el momento en el que yo “salí del closet” mis amigos y mi familia también lo hicieron, que ellos estaban ahí adentro conmigo, que si fue difícil y retante para mi misma aceptarme y enfrentarlo para algunos de ellos también iba a ser complicado, que ambos lados requeríamos de paciencia y comprensión del otro. El tiempo nos dio ese regalo a mi mamá y a mí, por medio de situaciones (no todas positivas) nos permitió aceptarnos la una a la otra, y a pesar de que hay días en los que ni ella ni yo soportamos la realidad de la otra, camino por doquier, hay días que corro, vuelo e incluso nado, pero nunca me detengo, así haya gente que quiera cambiarme el rumbo, que quiera oscurecer el camino, que intente detenerme o que desee que tropiece.

El tiempo está a nuestro favor, y el tiempo se cultiva con paciencia. Mi poder es resiliencia. Y así sucedan cosas negativas seguiré adelante con orgullo, con felicidad, con perseverancia, con determinación y tenacidad, seguiré marchando junto con el resto de seres que ya encontramos nuestra libertad y quienes están en busca de ésta, demostrándole al mundo que ser distinto está bien, y que sin importar que seamos diversos, amamos de la misma manera que los demás, con el alma, las ganas y el corazón.

-NCR.

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