Tres lecciones de emprendimiento para gente desesperada

Imagen tomada de: https://bit.ly/2VcJ6Ch

Alguien que me robó este año me dijo muchas veces que “los negocios no son de sentimientos ni de emociones”, y así entendí por qué me había estafado sin un ápice de remordimiento, por eso quiero compartir algunas de las lecciones más importantes que me dejó esta persona y que, estoy segura, serán muy útiles en mi futuro profesional (y tal vez el suyo).

Yo, que no soy experta en nada, decidí hace seis meses crear mi propia empresa, y como además me tengo una confianza del orto que me lleva a pensar todo el tiempo que no voy a ser capaz de hacer las cosas por mi cuenta, que necesito ayuda, que debo contratar a alguien que lo haga mejor que yo, etc. Me he acercado llena de esperanza, y al parecer con una tremenda cara de inepta, a una “consultora”, aplicando este término a una persona y/o empresa que se encuentra capacitada para brindar asesoría a los negocios en el área administrativa.

Los apuntes siguientes servirán para evitar algunos dolores de cabeza a la hora de establecer nuevas alianzas comerciales, aunque no sobra tenerlos en cuenta aún sin ser un “emprendedor” en la acepción más popular de la palabra, porque parte esencial de la vida de todos, es negociar:

Primera lección: Ningún convenio puede partir de una relación en la que tú te sientas o el otro te vea inferior.

Mi error garrafal con la consultora fue mostrar desde la primera reunión mi falta de experiencia, es decir, a pesar de que sabía exactamente lo que necesitaba mi negocio, y de tener conocimientos básicos en todas las áreas que se requerían para realizar el trabajo que estábamos discutiendo, dejé que la conversación tomara un tono maternal en el cual esta persona con un halo de sabiduría incuestionable me daba lecciones sobre “cómo emprender con éxito” que no eran más que frases copiadas de videos populares en YouTube con ‘coaches’ baratos fingiendo superioridad intelectual. Lo anterior le dio la posibilidad de subestimarme, y así se sintió con autoridad suficiente para no cumplir horarios ni responder a mis requerimientos cuando su mediocridad y su poca capacidad técnica empezaron a salir a flote.

De allí la segunda lección: La autoridad como proveedor solo la consigues mostrando calidad en tu trabajo, y como cliente, siendo solvente, puntual con tus pagos, y exigente con la gente que contratas, no hay más.

Yo, en mi desesperación decidí mandarlo todo al carajo y continuar mi proyecto de la mano de una empresa mejor, no sin antes haberme humillado por meses cobrando un dinero que, claramente, ya había perdido, y como era de esperarse la contraparte se sintió ofendida y atacada por mis reclamos. Si bien no hay desplante que nos de licencia para maltratar a los demás, no esperes que se dirijan a ti con la misma amabilidad después de haber mentido, engañado, y decepcionado a tu cliente, aunque lo hicieras sin intención; recuerda que prometiste el cielo y la tierra hasta convencer al otro de cerrar su compra, y tu deber es dejar “que hablen tus actos más que tus palabras”, así que no te sorprendas si te pierden el respeto por tu falta de responsabilidad.

Tercera lección: Negociamos con personas, siempre.

Negarse a reconocer la humanidad propia y ajena en una negociación es la mejor forma de asegurar peleas e incomodidades. Lo más doloroso de mi experiencia no fue ni siquiera la pérdida económica, sino saber que por mi ignorancia me había involucrado con una ‘negociante’ de pacotilla que cuando me decidí a cantarle la tabla como bien se lo merecía me trató de inmadura, mentirosa, y no paraba de repetirme que lo que yo hacía (desahogarme) estaba mal porque “los negocios no son de sentimientos ni de emociones”. Esta persona no sólo me roba mi dinero, que a decir verdad no era una cantidad tan significativa para mí como para ella, sino que además de eso está desconociendo mi derecho a la rabia, está intentando hacerme sentir culpable por expresar abiertamente lo que me provoca su ofensa, y eso, aunque esta experta negociante lo niegue, es delicado.

Cuando uno se hace el de la vista gorda con los sentimientos y emociones propios y ajenos, pierde la empatía, la ética pasa a un segundo plano, cualquier sentido moral se distorsiona, los principios se flexibilizan cuando uno piensa así. Es fácil olvidar que tengo un ser humano al frente, ignorar que esa persona tiene sueños, esperanzas, miedos, y así, puedo robarle, atacarla, mentirle, humillarla y seguir pensando que soy inocente, porque “estoy haciendo negocios”, mi egoísmo y mi insensibilidad empiezan a convertirse en virtudes admirables de futuro millonario.

Es la misma lógica con la que nuestros héroes políticos se permiten acabar con el medio ambiente, los abogados defienden criminales, las enormes empresas transnacionales apoyan la esclavitud laboral moderna, los banqueros, y cualquier cantidad de industrias someten a la gente a contratos injustos. Es esta forma de ver el mundo y las relaciones comerciales la que destroza nuestro sistema económico y la que tristemente predomina en una sociedad donde siempre terminamos culpando a la víctima cuando alza la voz “por no controlar sus impulsos” y no a los victimarios cuando transan, manipulan y se forran en plata a costa de la buena fe y del trabajo ajeno, porque ellos…  ellos solo están haciendo negocios.

Escrito por

Si la vida fuera estable todo el tiempo yo no bebería ni malgastaría la plata...

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