¿Todo Va A Estar bien?

La afectación generada por la Covid-19 logró que muchos comerciantes en Medellín, que se encontraban por fuera del engranaje económico formal de la ciudad, se vieran en la necesidad de agruparse y presentar colectivamente diversas solicitudes a la Administración Municipal. Esto con el fin de evitar un inminente colapso de su modus operandi ante la ausencia de flujo de caja en sus negocios y verse en la obligación de cerrarlos. 

Este es uno de tantos ejemplos que dejó la contingencia de la Covid-19 sobre la situación a la que se enfrentaron varias personas en nuestro país. En nuestra ciudad la Alcaldía, por medio de la fuerza (pública), logró que la gente no saliera a la calle durante los momentos más críticos de la pandemia. Las principales vías de la ciudad y algunos sectores aledaños se habían quedado completamente desiertos, con un silencio reinante en sus calles que erizaba a sus habitantes. No obstante, en los barrios la situación fue diferente a aquellas imágenes que dejaban las autopistas y avenidas completamente vacías, donde se hacía difícil pensar que no hace más de 6 meses, eran lugares vibrantes y ruidosos lleno de comercios y afanes cotidianos.

Terminando este mes de agosto Daniel Quintero, el rutilante alcalde de Medellín, anunció la apertura escalonada para lo que queda del año. Esta apertura incluye a todo el transporte aéreo nacional y terrestre intermunicipal, los restaurantes, gimnasios, teatros al aire libre, el centro de eventos más grande de la ciudad, cultos e iglesias, escenarios deportivos, parques, centros turísticos, moteles, industria del entretenimiento, discotecas y hasta el estadio. Todo esto bajo el llamado de una urgente necesidad de reactivar la economía, darle un respiro a la gente y dejar atrás la parte más crítica de la pandemia. Los alcaldes del Área Metropolitana del Valle de Aburrá firmaron el Plan de Reactivación Económica, sin embargo, ¿está la ciudad preparada para volver a la “normalidad”?

Aún en los momentos de mayor temor por el contagio, en la ciudad era común ver las fiestas callejeras, los partidos de fútbol y los sancochos de barrio. A pesar de que la orden de la policía era dispersar cualquier aglomeración, las estructuras criminales y las economías ilegales demostraron su capacidad para imponerse sobre la acción las autoridades y generar una normalización forzada en muchos barrios de la ciudad que les permitiera garantizar su dominio en el territorio. Si algo debiera preocuparle a la administración de la segunda ciudad más grande del país y, de la que en su momento fuese la más violenta del planeta, es cómo enfrentar la acuciante oleada de violencia que azota el país; cómo evitar que la reactivación económica se convierta también en una reactivación de la violencia que se había reducido a mínimos históricos durante los meses de encierro. 

Son varios los interrogantes que deja esta reapertura de la vida en Medellín, pero ojalá que el #Todovaaestarbien de la administración de Quintero no se le convierta en una caja de pandora que libere nuevamente sobre la ciudad los males y sufrimientos que estuvieron guardados durante meses. Que la gradual apertura de las actividades económicas de Medellín y el Valle de Aburrá, no se convierta en un escenario idóneo potenciado por el previo encierro para ponerla al día con los titulares de asesinatos selectivos y masacres que encabezan los titulares de nuestro país.

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