ENTRE ELITISMO Y EUROCENTRISMO: EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA

El Premio Nobel desde 1901 se constituye como el galardón más reconocido y prestigioso del mundo. Sus seis categorías exaltan las contribuciones, investigaciones y descubrimientos hechos por un reducido grupo de personas que, en palabras de Alfred Nobel, “llevasen a cabo el mayor beneficio a la humanidad”.

Una de sus categorías es el Premio Nobel de Literatura. Su intención principal, consignada en el testamento del precursor del premio, es que fuera entregado cada año “a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”. Así mismo estableció la premisa de que “no se debe tener en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no”.

¿Realmente el Premio Nobel de Literatura, en sus 118 años de historia ha seguido estas premisas? Desde el punto histórico la respuesta es negativa. El máximo galardón del universo literario entregado anualmente ha sido un reflejo del elitismo y eurocentrismo del conocimiento por parte de instituciones y círculos intelectuales del viejo continente.

De los 109 galardones que han sido entregados desde el inicio del siglo XX, 79 quedaron en manos de escritores europeos. Solo hasta 1913 la Academia Sueca distinguió a una persona de otro continente: Rabindranath Tagore. El poeta, escritor y compositor musical si bien nació en Calcuta en 1861 (en ese momento colonia británica), tuvo una vida muy ligada a Londres, donde estableció un contacto cercano con intelectuales de la época de inicios del siglo XX como Albert Einstein, Robert Frost, Mahatma Gandhi y Thomas Mann.   

Pasaron 44 años antes de que la poeta chilena Gabriela Mitral se convirtiera en la primera ganadora latinoamericana. Por su parte, el continente asiático hasta 1968 volvió a tener un ganador con el autor del País de nieve y El sonido de la montaña, el japonés Yasunari Kawabata. El primer africano declarado Premio Nobel de Literatura fue el nigeriano Wole Soyinka en 1986 y, el primer ganador de la lejana Oceanía fue el escritor australiano (nacido en Londres) Patrick White. Estos hechos han reflejado la “supremacía europea en la elección” del Premio Nobel, la cual, durante décadas estableció que los valores literarios, culturales y sociales de tradición europea fueran vistos como modelos universales que, en muchos casos, ignoraron los aportes literarios de otros continentes. En los primeros 80 años del Premio solamente 6 galardones fueron entregados a personas oriundas de otros espacios geográficos diferentes del europeo y estadounidense. Este último país, con una gran concurrencia de nominaciones debido principalmente a la generación perdida de William Faulkner (1949), Ernest Hemingway (1954) y John Steinbeck (1962).

Así mismo, el Reino de Suecia como responsable de los premios ha tenido a lo largo de su historia 7 galardones. Este hecho llama la atención en la medida en que los ganadores provenientes del país escandinavo sobrepasan al total de ganadores latinoamericanos (6), asiáticos (5) y africanos (3). Sin desconocer los méritos de los escritores suecos, resulta innegable la histórica preferencia que tiene la Academia Sueca hacia sus paisanos.

La Academia, quien escoge al galardonado en la ceremonia del 10 de diciembre (día de aniversario de la muerte de Alfred Nobel), está conformada por una élite académica de escritores, lingüistas y críticos literarios exclusivamente de origen sueco que, en la mayoría de sus 18 escaños, cuentan con una trayectoria en universidades suecas y con una formación orientada a literatura nórdica.

En los últimos años, este selecto grupo ha estado rodeado de aparatosos escándalos de mala gestión en el manejo de los fondos y de acoso sexual llegando a tener hasta 18 acusaciones vigentes de agresión sexual dentro de los miembros de la Academia. Este hecho generó el nombramiento de un nuevo comité para el premio y el aplazamiento de su entrega en el 2018, lo cual dio pie para la creación de un Premio Nobel Alternativo creado por una organización sueca llamada la Nueva Academia. En estas circunstancias cabe preguntarse ¿Será posible que se levante y logre una nueva credibilidad?

Los fondos dentro de la institución siempre han sido manejados en un círculo muy cerrado. En todos los casos, la distinción que reciben los ganadores viene acompañada de una cifra económica que varía cada año según los donativos y los resultados de las inversiones que hace la Fundación Nobel (quien no está involucrada en la selección de los galardonados). En la actualidad, el premio entrega una cifra cercana a los 925 mil dólares, los cuales son el resultado de las inversiones de poco riesgo que ha hecho la Fundación en base a la herencia económica que dejó el inventor sueco. Acompañando al cheque, los escritores reciben un diploma y una medalla de oro en manos del Rey de Suecia.

Todos estos reconocimientos para muchos lectores y críticos literarios han tenido algunas omisiones con aquellos escritores y escritoras que en vida se convirtieron en eternos candidatos. Allí muchas veces jugaron las condiciones políticas, ideológicas o de “lobby”dentro de los más altos círculos literarios. El caso más icónico es el del creador de El Aleph, Jorge Luis Borges. El erudito escritor porteño hasta el día de su muerte en 1982 nunca asistió a la ceremonia en Estocolmo, en gran parte por su polémica relación con Augusto Pinochet. A este se le suman otros colegas latinoamericanos como Julio Cortázar, Juan Rulfo, Rómulo Gallegos, Rubén Darío o Cesar Vallejo, quienes, hasta hoy han tenido una influencia majestuosa en la literatura universal. Otros escritores como León Tolstói, James Joyce, Franz Kafka, Virginia Woolf, Émile Zola, Italo Calvino y Marguerite Yourcenar no recibieron el Premio, pero sus libros definitivamente han contribuido a cambiar la historia del mundo a través de ficciones que, en palabras de Mario Vargas Llosa: “han multiplicado las experiencias humanas impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, el ensimismamiento y a la resignación” (Mario Vargas Llosa, Discurso del Premio Nobel de Literatura 7 de diciembre de 2010).

Es innegable que el Premio Nobel de Literatura en los últimos 40 años ha tenido un mayor pluralismo al destacar a autores –y hasta cantantes- surgidos de otras latitudes. Así mismo, por más de un siglo ha mantenido ese peso MAYÚSCULO en el mundo de las letras al brindar un impacto comercial, mediático y académico para editoriales y autores; pero, es fundamental tener en cuenta que el Nobel es un premio muy reciente comparado con el nacimiento de la escritura desde hace miles de años.

Este galardón para muchos escritores reconocidos y anónimos no se constituye en la gloria máxima. Muchos ganadores después del premio entraron en una decadencia personal y literaria tal como le sucedió a Faulkner, Hemingway, Kawabata, Nelly Sachs y Borís Pasternak. Los sueños de muchos hombres y mujeres dedicados a imaginar y escribir páginas enteras de historias y versos están en traspasar todo tipo de fronteras físicas e intelectuales donde puedan derrotar la carcoma del tiempo y sus palabras alivien la condición perecedera del mundo para convertir lo imposible en posible.

Escrito por

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, librero y ajedrecista.

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