Los relatos de la guerra

Hace un par de meses inicié una maestría en Escrituras Creativas. Su fin básicamente es aprender la técnica y parte de la historia de la literatura para poder producir textos, no espléndidos, pero al menos decentes. Mi título profesional de Ingeniero me producía cierto temor al empezar, ya que esperaba encontrarme con literatos, filósofos, comunicadores y personas familiarizadas con el mundo de las letras. Desde las primeras clases me di cuenta que me había equivocado: en la maestría confluyen una gran cantidad de profesiones. Psicólogos, abogados, politólogos y hasta agentes bancarios. Al iniciar el semestre tuvimos las presentaciones usuales, respondiendo preguntas sobre quiénes éramos y el porqué estábamos allí. En varias intervenciones escuché a compañeros decir que querían narrar historias del conflicto armado, principalmente la historia de las víctimas. Al escuchar aquello pensaba: “¿Otra historia del conflicto?, ¿otra narración más sobre ese tema?”. Algo similar a aquella idea sobre las novelas y películas de narcos, aunque las historias de la guerrilla o el paramilitarismo no han sido explotadas a tal punto, sino que en su mayoría son documentales. No había tenido la oportunidad de reflexionar sobre el tema, descubrí entonces que tenía un sesgo al pensar que las historias del conflicto armado en el país eran muchas, o que era un tema repetitivo que no ha parado nunca, incluso después del proceso de paz. Otra cosa pasaría luego.

Tiempo después leí El Atajo de Mery Yolanda Sánchez (Himpar Editores 2014). Un relato en prosa combinado con poesía, en el que Mery Yolanda narra su travesía a través de zonas rojas de Colombia, desempeñando un trabajo del Ministerio de Cultura realizando talleres de promoción de lectura en las bibliotecas públicas de aquellas zonas (que no son muchas pero existen). Sin opinar sobre las situaciones, el viaje a través de la Colombia profunda, con un dolor de oído, con una misión, entre metralletas y viajes por caudalosos ríos, la historia nos llega a la médula, nos muestra ese día a día fuera de las capitales, esa verdad innegable que es el país, que nos hace pensar que siempre será así porque siempre ha sido así. Esta fue la primera historia que me llegó del conflicto que me mostraba una lectura y una manera de contarlo diferente. 

El Atajo de Mery Yolanda Sanchez. – Himpar Editores 2014

Luego vino Labio de iebre, obra de teatro escrita y dirigida por Fabio Rubiano, en el teatro Petra. Esta obra lleva 6 años en escena y sigue dejándonos un hoyo en el pecho por su fuerza y la situación en la que pone al espectador. Casi como en los fantasmas de las navidades pasadas que asediaban a Ebenezer Scrooge; la obra muestra un camino hacía el perdón, empujado por la venganza de la culpa y la conciencia, que sufre Salvo Castello, un ex paramilitar ahora expatriado y cobijado bajo una ley de reparación. Hay una parte fantástica muy fuerte que mueve toda la historia, pero cada parte de ella viene de una realidad pura. La guerra, las víctimas y los ejecutores están retratados más allá de la actuación. El dolor que transmite Marcela Valencia, con una gran actuación, en su papel de Alegría de Sosa (víctima de Salvo Castellano que la asesinó a ella y a su familia), no viene solo de ella, viene de todas las víctimas que retrata el personaje. La obra nos hace reír incómodamente, nos hace llorar en múltiples ocasiones, e igual que con el atajo nos llega a la médula.

Obra de teatro Labio de Liebre, escrita y dirigida por Fabio Rubiano. Fotografía de https://bit.ly/3kSBnFG

Ambas historias, aparte de hacerme llorar, me enseñaron algo valioso que no había entendido hasta ahora: no todas las historias de la guerra son iguales y todas merecen ser contadas. No importa si es relato, un testimonio, una obra de teatro, una escultura o una casa (como la casita del terror en San Carlos), un museo de la memoria (como el Salón del nunca más en Granada Antioquia o el Museo Casa de la Memoria de Medellín, el Centro Nacional de Memoria Histórica en Bogotá), todas estas formas muestran una realidad a la que nos hemos acostumbrado, pero ya no vemos, ahora ignoramos. Las historias de la guerra nos acompañan y acompañarán porque son nuestra memoria,  porque siempre habrá una víctima o un testigo que seguirá contándolas hasta que las cosas cambien. 

Escrito por

Director Revista El Callejón. Según un cartón: Ingeniero de Sistemas. Según mi propio concepto: Columnista ocasional y quejumbroso tiempo completo.

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