Empezó la horrible noche.

Era un jueves, veintiuno de noviembre. Las ganas que tenía de salir a marchar se habían quedado en el tintero: en la mañana estuve en la oficina y en la tarde trabajando desde la casa. Terminé a eso de las siete de la noche algo agotado. Estuve pendiente de las marchas por redes, mirando contento […]

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